Sin Redundar

Por Carlos Avendaño.

“Emprendedores exprés”: La farsa de los apoyos en El FuerteQué bonito es El Fuerte, pueblo mágico por decreto y tragicómico por diseño político. Ahí tienen al flamante alcalde Gildardo Leyva Ortega, que recibió una orden “desde el tercer piso del palacio de gobierno del estado de Sinaloa” -así es, desde ese Olimpo en donde los dioses de la 4T sinaloense mandan sin consultar al suelo-: “Júntame 40 personas para un eventito institucional”, fue la orden, y, dicho y hecho. Gildardo, cual promotor de bailes en la Expo-Feria, empezó a convocar a la familia, los compadres, los conocidos y hasta a los Raygoza, que tienen más años fuera del pueblo que el ferrocarril sin funcionar. Pero claro, un cheque de 5 a 8 mil pesos no le cae mal a nadie, y menos si viene con moño oficial. Pero llega el día del evento. La avanzada del gobierno estatal entra como producción de telenovela: fotógrafo, funcionario sobreactuado, una especie de notario público “de utilería” (de esos que firman y se lamen los zapatos al mismo tiempo), y una camioneta doble rodado llena de lo que ellos llaman “apoyos”. Pero la ilusión se rompe más rápido que una promesa en campaña: nada de cheques, nada de inversión, nada de programas. En su lugar: bandejas, estufas, cazuelas y utensilios al azar. “Fírmale aquí, tómate la foto y órale, eres emprendedor”, les decían. Y ¡pum! Horas después, ahí estaban todos en las benditas redes sociales: convertidos mágicamente en “casos de éxito”, aunque no supieran si les dieron una estufa o una deuda emocional. Don Arturo, se regresó a Culiacán muy encabronado, cargando una prensa para tortillas y un coraje que no le alcanzó ni para la caseta. Y Ricardo “El Pity” Velarde Cárdenas, ese personaje digno de un episodio de “La Rosa de Guadalupe” con alcohol, llegó tarde, deshidratado, con suero en mano y un olor a cruda moral o etílica, quién sabe de cuál de las dos sería más. Pero eso sí, todas las fotos salieron bien bonitas. Porque al final, lo único que importa es que en Facebook parezca que la transformación está llegando, aunque sea en forma de cazuela. Y aquí está el verdadero problema: No se emprende con trastes, se emprende con herramientas, capacitación y continuidad. La gente de el bello pueblo mágico de El Fuerte, no necesita un refrigerador nuevo, necesita oportunidades reales, calles dignas, acceso a internet, talleres de oficios, turismo activado y proyectos a largo plazo. Pero eso no sale bonito en la foto, ni da likes rápidos. Así que ahí lo tienen: otro montaje más de la “economía del selfie”, en donde la dignidad se cambia por una estufa y una palmada en la espalda. Y luego se preguntan por qué la gente ya no les cree nada…

Tere Guerra: la candidata que no quiere parecer candidata (pero ya se midió la banda). Ahí la tienen, a la flamante diputada local María Teresa Guerra Ochoa, caminando entre contradicciones como si fuera la alfombra roja. Con una mano acaricia el poder y con la otra se persigna para que nadie note que ya se probó la banda de gobierno frente al espejo. Porque claro, no es momento de levantar la mano, excepto cuando se trata de levantarla para ella misma. Dice Doña Tere, que no hay que comer ansias, pero se le nota el antojo de poder desde la tribuna. Y es que cuando una ya se imagina en el “tercer piso” (esa forma tan delicada de decir que quiere la gubernatura sin decirlo), ya no hay vuelta atrás: el discurso de prudencia suena tan auténtico como un billete de tres pesos. Según ella, su nombre circula en las sobremesas políticas por obra del espíritu santo, no porque lo haya filtrado su propio equipo. ¡Por favor! Hasta presume que la mencionan como si eso fuera un logro y no una estrategia vieja como la grilla misma. Claro que está en la lista, si la mandó imprimir ella misma. Y ahí viene el comodín favorito: el empoderamiento de las mujeres. Que no se malentienda, el avance de las mujeres en política es vital, necesario y justo, pero usarlo como escudo para blindar ambiciones personales disfrazadas de causa noble, eso ya es otra cosa. Es como decir: “No es por mí, es por todas”. Ajá. Por todas… las que caben en su gabinete. Mientras tanto, lanza algunas máximas como “No por mucho madrugar amanece más temprano”, pero lo dice con la alarma del 2027 ya programada y los tenis puestos para la carrera. Y eso de que los demás deben mantener la cabeza fría suena más a “No se me adelanten, que la fila empieza conmigo”. Al final, lo más preocupante no es que quiera el poder (que lo diga y punto), sino que crea que puede jugar al escondite con la opinión pública. Porque una cosa es tener ambiciones, y otra es creer que el electorado no se da cuenta. Y en ese teatro de simulación, la flamante diputada, Tere Guerra, ya es protagonista y también guionista…

Imelda Castro: la Virgen de la Caridad (del Cargo). ¡Aleluya! Imelda Castro, Senadora sin licencia y con memoria selectiva, descubrió repentinamente que Sinaloa existe. Después de más de 2,300 días en su curul celestial, ahora sí dice que representará al pueblo con “compromiso y cercanía”. Vaya milagro digno de estampita. Una aparición más esperada que la del niño perdido, solo que esta llega con fuero, dieta y discurso reciclado. ¿Qué pasó, Senadora? ¿El calendario electoral le activó el GPS de la conciencia? Porque después de seis años en la nube del Senado, ahora resulta que quiere caminar entre los mortales. ¡Qué ternurita! Ya hasta parece que va a tocar puertas y regalar escapularios de “transformación”. Dice que se compromete “ahora sí”… como si fuera una promesa matrimonial después de años de ausencia. “Ahora sí no te voy a fallar, Sinaloa”, susurra la Senadora, como si los votantes fueran una pareja abandonada. Pero no, Imelda: el pueblo no es tu ex al que puedes volver cuando se acercan las elecciones. Esto no es compromiso, es cinismo institucionalizado. Porque si después de seis años se le ocurre hacer presencia y decir que va a representar con cercanía, eso no es gestión, es un descaro. Lo peor es que algunos hasta le aplauden. Como si bajarse del pedestal justo antes de que empiecen los destapes, fuera un acto heroico y no una jugada vieja y burda. Imelda Castro, patrona del cinismo bien remunerado, protectora de los tiempos políticos y devota del cargo eterno. Que alguien le recuerde que representar al pueblo no empieza cuando se huele la boleta, se hace desde el día uno. Aunque claro, en la liturgia de la simulación, la fe siempre llega tarde y con fuero…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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